domingo, 20 de mayo de 2012
SOBRE LA NATURALEZA DE LA INDIGNACIÓN QUE PROVOCA EL ARTE CONTEMPORÁNEO.
MATANDO MUSEOS
martes, 24 de abril de 2012
SOBRE GALERISTAS, ARTISTAS, GATOS SILVESTRES Y OTRAS YERBAS.
martes, 10 de abril de 2012
BREVE –O NO TANTO- RESPUESTA AL GATO SILVESTRE
Con gran alegría encontré hoy en mi blog –que aprovecho para promocionar: www.lucaspato.blogspot.com-, específicamente en mi última entrada “Todo parecido con la realidad es pura casualidad”, un comentario del Gato Silvestre, viejo amigo de la infancia, pero a quién no veo hace tiempo. El Gato parece saber muchas cosas sobre mí; pregunta, en defensa de la curadora de las tres “O” si yo me arriesgaría, si yo alguna vez arriesgo. Y le contesto que si yo estuviera en el lugar de poder de esa gente, que ya tiene la vaca atada hace rato, sí, arriesgaría, y de hecho queda claro que el gato no sabe de mí tanto como cree porque sabría entonces que, estando en lugares de gestión bastante menos importantes, -en los cuáles ya no estoy- y justamente por jugarme, sufrí censura –motivo principal –entre otros- por el cual ya no estoy-. Lo único que tenía que hacer la curadora ficcional de mi relato era respetar las reglas del juego escritas por ella misma para que su propuesta no se convirtiera en una farsa más de las que abundan en el mundillo del arte argentino. Todos los proyectos deberían haber pasado ante los ojos de los jurados, si no, ese jurado se convierte en un espectáculo de títeres a los cuales se les presentan veinte carpetas y se los guía prolijamente a votar casualmente el proyecto en el cual está la mujer de uno de ellos. Luego dice que nadie cuestiona nunca a los artistas, la ética de los artistas…con lo cual queda claro que no leyó mi texto del 12 de diciembre “Milo Pocket, algunas reflexiones sobre el premio Klemm…etc,” ni el del 15 de enero “Respuesta a Ana Battistozzi” donde queda claro que la ética de los artistas deja mucho que desear. Por último sugiere que la discusión habría que crearla en los ámbitos donde impera lo público porque la lógica endogámica del ámbito privado no cambiará, y menciona al IUNA visuales, Ecunhi y FNA…yo creo que la discusión debe darse también en esos ámbitos, sin excluir la discusión sobre lo privado. Y le propongo además al Gato, que si tiene algo que aportar a ese debate sobre lo público, o alguna denuncia puntual, la haga explícita para poder iniciar la discusión.
Por último, no debe ignorar el Gato Silvestre que tan bien me conoce, que con cada texto que escribo, cavo un poquito más mi fosa a futuro, porque cuando la máscara ya no funcione, tendré muchos enemigos de esos que cortan la torta…
Le mando un abrazo y un saludo para Tweety.
El Pato.
lunes, 9 de abril de 2012
TODO PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA CASUALIDAD
Desde hace algún tiempo pienso en la posibilidad de escribir un cuento breve en el cual el pequeño mundo de las artes visuales en argentina refleje la lógica de funcionamiento de muchas otras cosas en nuestra sociedad. Pura ficción, por supuesto. Se me ocurrió que podría ser la historia de un prestigioso premio de arte contemporáneo, financiado por alguna empresa importante, que podría ser una petrolera…sí, podría ser una petrolera, sería un premio “empetrolado”…buena metáfora. Pensé también que ese premio debería tener una importante organizadora, una curadora prestigiosa que designaría un jurado multitudinario, nombres conocidos de diversas áreas de la cultura a fin de lograr una mirada más abarcante, más rica, menos comprometida con los mismos nombres de siempre. No sé por qué, -hay cosas que no pueden justificarse conceptualmente- imagino que esa curadora debería tener un apellido con varias vocales, pero todas deberían ser “O”, por lo menos tres… me gusta la sonoridad de esa vocal. El premio sería exhibido en una importante –o más o menos- feria de arte contemporáneo, bueno, una feria de arte a secas, porque sería una feria donde el ochenta y cinco por ciento de la obra en venta sería pintura, y eso no puede ser considerado una feria de arte contemporáneo ¿No? Bueno, como sea, la convocatoria al premio tendría mucho éxito, los artistas comentarían lo importante que es tener un jurado diferente de los habituales, la mayor cantidad de probabilidades de ser seleccionados; al fin se acabarían las roscas y los apadrinados, al fin alguien con ganas de hacer las cosas bien. Los artistas se pondrían a trabajar duro en sus proyectos, con toda la ilusión, como siempre. Por fin un poco de aire fresco! Algo nuevo! La curadora decide que sólo se seleccionarán tres proyectos, pero los artistas no desfallecen, siguen trabajando obstinadamente en sus ideas, confiados en que las mismos pasaran ante los ojos de…al menos…digamos… doce personas. Por fin llega el día límite. Se reciben como mínimo ciento cincuenta proyectos. Por alguna razón inexplicable –o tristemente explicable- esos ciento cincuenta proyectos jamás pasan ante los ojos de los doce jurados, sólo llegan hasta ellos unas pocas decenas, dos decenas para ser más exactos –me gustan los números redondos-. Alguien, seguramente la curadora, ha decidido que tanta democracia es inaceptable, que la mirada de los jurados debe acotarse, ajustarse. Así, el esfuerzo y la ilusión de cientos de artistas quedan descartados de un plumazo…nadie verá sus proyectos. Sobre estas pocas carpetas, elegidas cuidadosamente por la curadora de las tres “O” se seleccionan tres –número repetido-, entre las cuales, inexplicablemente se encuentra un proyecto en el cual figura la mujer de uno de los jurados; el jurado en cuestión se excusa y se retira en el momento en que dicho proyecto se vota…y el proyecto es seleccionado como uno de los ganadores…y así, una vez más, todo queda en familia. El nombre de ese jurado figuraría entonces en la nómina de la primera convocatoria del premio, pero al buscarlo posteriormente, habría desaparecido de dicha nómina, como si nunca hubiera estado allí…
Estuve muy entusiasmado con escribir este relato, pero luego lo pensé mejor y decidí no hacerlo, me pareció muy didáctico y finalmente, las historias con moraleja nunca le han servido a nadie, además, no tiene nada de innovador; es la misma aburrida historia de siempre, y se parece demasiado a la realidad.
Hasta la próxima.
El Pato.
DE FUTUROS INNEGABLES Y PASADOS IMPREDECIBLES, CIUDADES DEL SIGLO XXI Y UN IMPERDIBLE CUESTIONARIO A MILO POCKET
Una nota de Guido Ignatti publicada en el último número de la revista Sauna: http://www.revistasauna.com.ar/02_17/04.html, titulada “Sala de operaciones, fracturas expuestas” generó en mi afiebrada cabecita algunas reflexiones, en especial la última parte del texto, y muy particularmente su última frase.
Reproduzco el fragmento:
“El futuro es innegable”, una frase contundente para finalizar el texto, una frase que dispara la reflexión. Recordé a partir de ella, otra que al parecer es de uso popular en Rusia –dato anecdótico- y que dice: “El pasado es impredecible”. Creo que para todos aquellos que tengan alguna experiencia psicoanalítica la frase resonará con ecos muy potentes; bien sabemos cómo el pasado, que creíamos tener bajo control, se nos presenta de golpe como una caja de Pandora. Ya se estarán preguntando qué tendrá que ver la frase de Ignatti con esta otra que traigo de las lejanas estepas y cómo podría aplicarse al tema que siempre nos ocupa –el del arte contemporáneo-, y ya voy a eso, no sean impacientes. Bien dice Ignatti que entre el primer ready- made de Marcel Duchamp de 1913 –el pionero- y el modelo de artista que hoy se pondera, distan cien años, pero es importante tener en cuenta que nada sucedió linealmente para que fuera así. Duchamp no es Duchamp –el artista más influyente del siglo XX y lo que va del XXI- hasta mucho después de 1913. El paradigma modernista rigió el siglo XX hasta pasada su primera mitad, hasta la irrupción del POP y del NEO DADAÍSMO. En ese paradigma el artista es un “genio creador”, un demiurgo que moldea la materia en busca de la “forma significante”, un incansable experimentador formal cuyo norte es siempre “la originalidad” y “la novedad”. Hasta bien entrados los años cincuenta, el artista paradigmático del siglo XX era, por absoluta lógica, Pablo Picasso y nadie podía disputarle el trono. Con el Pop y el Neo Dadá cambia el escenario, el paradigma modernista comienza a caer a pedazos, Clement Greenberg no acepta estos movimientos que no entran en la lógica progresiva de sus teorías, pero “el futuro es innegable”, y es el futuro el que ya no acepta la teoría de Greenberg, pero el futuro es Duchamp, el pasado impredecible que entra por la ventana: Duchamp es el modelo de las tendencias del arte a partir de allí. Hoy, cincuenta años después, la sombra de Duchamp eclipsa la figura de Picasso a quien todos creían el artista paradigmático del siglo. El ready- made, curiosidad del pasado, irrumpe en escena a mediados del siglo XX y todo cambia radicalmente. El futuro innegable y el pasado impredecible están entrelazados en formas complejas y no lineales, casi como una cinta de Moebius.
¿Quién sabe cuántas cosas del pasado impredecible están a punto de irrumpir mientras miramos hacia el innegable futuro?
Otro tema, ligeramente conectado. Estoy leyendo un libro de Gérard Wajcman –muy recomendable-, su título es “El ojo absoluto”, y trata el bien contemporáneo tema de nuestra sociedad de la transparencia, el control total y la plena visibilidad. Un dato interesante, entre muchos otros es que al parecer Londres es la ciudad con más cámaras de vigilancia por habitante del planeta, y más curioso aún es que esa ciudad ha sido designada como “la ciudad del siglo XXI”. No está claro si esto es porque ese modelo de hipervigilancia es lo más deseable para el futuro, pero más allá de esto, me pregunto cómo es posible designar a cualquier ciudad como la ciudad del siglo XXI cuando recién han transcurrido once años de dicho siglo.
Pienso en esas ciudades de los Emiratos Árabes que parecen salidas de alguna historia de ciencia ficción o en esas megalópolis de Oriente y me pregunto cómo es posible que Occidente no perciba aún su inevitable decadencia, cómo ese Occidente en crisis no puede dejar de considerarse el ombligo del mundo. Mucho tiempo falta para que podamos decir cuál fue la ciudad del siglo XXI. Será seguramente el impredecible pasado el que defina esa cuestión, eso que sólo podremos ver mañana, aunque ya esté hoy delante de nuestros ojos.
Y para terminar se viene la parte más amena de esta columna; hace tiempo que no leo el suple ADN –que nunca tuvo demasiado para leer- pero el sábado pasado una amiga me lo acercó y pude comprobar que sigue empeorando –el suplemento, no mi amiga-, cosa que no creía posible. Ya de entrada, en la primera página se despacha con un imperdible “Cuestionario ADN” a “Milo Pocket”. Voy a transcribirlo con algunos comentarios al pie:
1- ¿De qué se enorgullece?
De trabajar en el mundo del arte y de que el arte sirva para ayudar a la gente.
Esta respuesta me gusta porque Milo dice enorgullecerse de trabajar en el mundo del arte, y no dice “de ser artista”, tal vez sea un principio de autocrítica.
2- ¿De qué se arrepiente?
Me arrepiento de tantas cosas que no las puedo enumerar.
Esta es buenísima; es la típica respuesta de quién no se arrepiente de nada, pero quiere pasar por humilde.
3- ¿Qué le diría hoy a su primer amor?
¡Qué tonto que fui!
Ésta me arrancó una lágrima. Y a la ex también, se está perdiendo una
fortuna.
4- ¿En qué lugar fue más feliz?
En el Chaco, siempre.
Pero!! Haberlo sabido antes te comprábamos un pasaje para que te quedes
allá.
5- ¿Con qué personaje vivo o muerto, le gustaría almorzar a solas?
Con Mahatma Gandhi.
Bueno, esta es complicada, almorzar con un muerto no es muy
recomendable, por el olor digo, a menos que esté embalsamado. Almorzar
con Ramsés II no estaría mal, aunque ya no está muy conversador.
En cuanto a Gandhi paso, no me gusta almorzar con racistas y ya es
sabido que al Mahatma no le gustaba la gente de raza negra.
6- ¿Qué hace con unos pesos que le sobran?
Me compro alguna obra de arte.
Este muchacho está confundido, con “unos pesos” sólo se puede comprar
algo como lo que hace él.
7- ¿Con qué sueña más amenudo?
Con concretar algunos proyectos que tienen que ver con la realidad social de
mi provincia.
Ya te dijimos, te compramos el pasaje.
8- ¿Cuáles son los tres libros que más ama?
El Principito, Disculpen mi optimismo, de Juan Carr, y El amor en los tiempos del Cólera.
Buenísimo “El Principito” como libro de cabecera, se ve que lee pesado, le
le falta Harry Potter y es cartón lleno, sin olvidar los aforismos de
Narosky.
9- ¿Qué música y qué músicos prefiere?
Andrés Calamaro, Javier Calamaro, Gustavo Santaolalla y Pedro Aznar. En
general me gusta el rock.
Esta me desconcertó, después del Principito pensé que se venía un Arjona.
10- ¿Cuál es el personaje de ficción que más le gusta?
En El Padrino, el de Marlon Brando.
Bastante previsible, aunque para entrar en un buen diálogo con sus
pinturas, sería mejor Piñón Fijo.
Por último yo tengo dos preguntas:
Hasta la próxima.
El Pato.
domingo, 15 de enero de 2012
RESPUESTA A ANA BATTISTOZZI
Me dirijo a vos, así, directamente, porque sé que puedo hacerlo. Luego de leer atentamente tu columna “Inquisidores de la originalidad” en la revista Ñ del día de hoy, sábado 17 de diciembre en la cual contestás a mi último envío relacionado con las notables coincidencias entre las obras de artistas seleccionados y premiados en el Premio Klemm con obras de artistas extranjeros, -uno de ellos mundialmente conocido, como Maurizio Cattelán- me han llamado la atención un par de cosas; las contestaré en el orden en que se presentan en tu columna.
En primer lugar está el tema, un tanto gastado ya, de la supuesta ilegitimidad de mis textos basada en la utilización del seudónimo; vos decís “Éste último dato sería irrelevante si no fuera porque, en la “sociedad de la interpretación” que está tan en debate, saber quién y desde qué lugar habla resulta esencial para ponderar cualquier opinión”. Bien, en primer lugar creo que mi identidad es, a éstas alturas, casi un secreto a voces; si he prolongado la utilización del seudónimo es, como ya dije en otras oportunidades, sólo una estrategia para mantener el interés; sabemos bien que el secreto –llamarlo misterio sería excesivo y pretencioso de mi parte- despierta siempre más curiosidad que lo conocido. Por otro lado, considero a éste personaje como parte de mi obra como artista ya que en muchas oportunidades expresa cabalmente mi opinión, pero en otras, podría decirse que funciona en forma casi autónoma y dice lo que él quiere…pasa generalmente cuando no tomo la medicación. Por otra parte, firmar con mi “verdadero” nombre... ¿cambiaría en algo el contenido de lo que digo? Quién habla, preguntás; habla un artista –si es que alguien puede hacer tal afirmación hoy día-, que en los últimos años ha sido también un curador y gestor cultural, y que considera que todas esas actividades –incluyendo la de escribir esta columna- lo constituyen y lo completan, como artista y como persona, porque estoy seguro de que un artista hoy debe ser crítico; nada me parece peor que la falta de debate, y creo que podríamos estar de acuerdo en que, en nuestro pequeño medio nadie discute nada; en privado se expresan las opiniones más duras, pero luego todos somos amigos. De todas formas, si tan importante es la cuestión de mi “identidad” – nuevamente, si es que existe tal cosa- voy a hacer una promesa aquí y ahora: prometo solemnemente revelar mi identidad en ésta misma fecha, el año próximo –si es que para ésa altura queda alguien que aún no sepa quién soy- y si así no lo hiciere, que Dios, La Patria , Los Santos Evangelios y mis dos ex mujeres me lo demanden.
Pasando a lo siguiente, quiero aclararte que mi envío no era una respuesta a tu nota sobre el Premio klemm, si es que eso pudo molestarte, y con respecto a lo de Cabutti –a quien no conozco personalmente- sigo sosteniendo mi opinión. Vos decís “Lucas Pato desmerece socarronamente la obra de Cabutti por falta de originalidad (habla directamente de plagio) y también a los jurados por no haberlo advertido. Luego nos manda a los destinatarios de su correo a chequear en el artista estadounidense Josiah Mc Elheni lo que él y sus “curiosos e indignados” amigos sí advirtieron: el uso de recipientes de cristal en vitrinas espejadas que multiplican las formas al infinito. Hasta aquí los puntos en común entre los artistas mencionados, que es como decir que todos los que aplicaron chorreados en pintura plagiaron a Jackson Pollock”. Yo digo, no Ana, no es lo mismo, y voy a explicar por qué la estrategia de Cabutti es muy otra. Sabemos bien que en alguna época muchos artistas chorreaban –no choreaban- a lo Pollock, pero el viejo Jackson era ya un artista famoso y enormemente influyente, con lo cual cuando veías –o ves, ya que todavía muchos pintores lo hacen- un chorreado en la obra de alguien, sabías –y sabes- que había dos opciones: o ese artista “citaba” a Pollock, ya que la chorreadura pasó a ser algo así como una marca registrada- o bien, el pintor o pintora en cuestión estaba tan fascinado con Pollock que no podía hacer otra cosa. Cabutti no “cita” a Damién Hirst” lo cual sería evidente, sino que elige a un artista muy poco conocido, o simplemente desconocido en Argentina y por supuesto, “no cita la fuente” y lógicamente eso pasa inadvertido para el jurado –del cual luego hablaremos-, y por lo tanto eso no es una cita, es plagio porque la fuente está oculta, el subtexto, por llamarlo de alguna manera, está ausente.
Luego decís con respecto a Mc. Elheni “Que las piezas de cristal sean muchas, de color y estén enteras no es una cuestión menor. Así como en Cabutti, que sean sólo fragmentos transparentes, negro y humo y le sirvan como formas para construir gélidos paisajes en encierro”. A ver, a ver, si yo pongo un mingitorio rojo en una instalación, obviamente ese objeto va a decir otras cosas que las que decía el mingitorio blanco de Duchamp, ¿No? Pero todo el mundo va a saber que por algún motivo, estoy citando a Duchamp, aunque el contexto y el color disparen el sentido en otras direcciones. Insisto, el problema con Cabutti es que se “apropia” de un dispositivo de otro artista y le cambia los colores para que diga “otra cosa”; fantástico, pero me hubiera gustado que el subtítulo de la obra fuera “variaciones sobre la obra de Josiah Mc.Elheny”.
Y para terminar decís: “A los “curiosos e indignados” amigos de Lucas Pato, que se dedican a surfear la red para erigirse en inquisidores de la originalidad, sugiero remitirse a las obras de la artista de 2006 que dan cuenta de la coherencia que mantienen con este planteo. Sólo se trata de cultivar una mirada más allá de la superficie y prejuicios mezquinos”. Bueno, un final duro; “inquisidores” es una designación un poco fuerte, sobre todo porque ni yo, ni mis “curiosos e indignados” “amigos”, censuramos ni quemamos libros, cuadros o gente; censura, lo que se dice censura, es lo que ocurrió recientemente en una prestigiosa Institución dedicada al apoyo y la difusión de las artes con una obra de Marcelo de la Fuente –a quien tampoco conozco personalmente-. No tenemos el poder, ni mis “amigos”, ni yo, para hacer ese tipo de cosas. No se me ocurrió pensar que no acordar, o discutir las decisiones del jurado de un premio prestigioso nos convertiría en “inquisidores”, pero bueno, en la “sociedad de la interpretación” todo es posible. Prometo retirar el pedido de quemar a la artista en la plaza pública. Con respecto a la coherencia de la obra del 2006, sólo la encontré –hasta cierto punto- en la serie “Envíos”, que para ser justos me parece muy buena, pero eso no cambia el hecho de que Cabutti se haya apropiado del dispositivo de otro artista esperando que pasara inadvertido.
También me llama la atención que hagas una defensa encendida de Cabutti en la cual tal vez –sólo tal vez- el componente de la amistad no sea menor, y no digas ni una palabra de la obra de Juan Der Hairabedian, que si fuera un Pollock, sería una maravilla porque habría copiado hasta la última gota de la chorreadura; el Cattelán que eligió es un poco más fácil.
Está bien defender a los amigos, pero cuando se equivocan, no está mal decirlo y eso no nos constituye en inquisidores.
Por todo lo expuesto, no creo que mi mirada sea superficial o se encuentre anclada en prejuicios mezquinos; quiero aclarar que ni siquiera me presenté al Premio Klemm, lo cual podría ser motivo de frustración y resentimiento, no es el caso.
Con respecto a los jurados, creo que es lógico que lo de Cabutti pase inadvertido, no así lo de Cattelán, - perdón, Der Hairabedian-; eso sí me parece inadmisible en jurados tan actualizados; pero lo único verdaderamente importante me parece la propuesta de que los jurados fundamenten sus decisiones de la misma manera que –en muchos casos- se nos pide a los artistas que fundamentemos nuestro trabajo; por el bien de la difusión del arte contemporáneo, tan vapuleado y poco comprendido, y también para disipar, aunque más no sea un poco, la sospecha de amiguismo y acomodos que pesa, a veces, sobre los premios.
Por último, parece desprenderse de tu columna que mis “amigos” y yo constituimos un bloque homogéneo, una especie de club de inquisidores prejuiciosos y un tanto resentidos, cuando la realidad dista mucho de eso; muchos de los que leen mis envíos o mi blog, o mi página en Facebook, sólo acuerdan en parte con lo que digo y, a veces
–como suele suceder en todos los ámbitos de la vida- sus interpretaciones sobre mis textos tienen muy poco que ver con lo que realmente yo quiero decir; de hecho, algunos creyeron que mi texto sobre los calamares podridos premiados en el Petrobras era una gran ironía, cuando en realidad la obra me pareció buenísima.
Te agradezco de todas formas que me menciones en la Ñ; yo, claro está, no tengo llegada a un espacio como ése; aunque sé que últimamente se me nombra en diversos ámbitos –reuniones de Directorio, cenas de fin de año de Fundaciones, etc.- y no precisamente en forma elogiosa porque parece que mis opiniones molestan más de lo que podría esperarse tratándose de alguien que sólo dispone de herramientas bastante básicas de comunicación y difusión.
Bueno, ahora sí, me despido.
Te mando un saludo, con el afecto de siempre –y sin ningún tipo de ironía-.
El Pato.
lunes, 12 de diciembre de 2011
MILO POCKET POR DOS, ALGUNAS DUDAS Y REFLEXIONES SOBRE EL PREMIO KLEMM, Y UNA NUEVA CLASE DE GURÚ.
Una amiga me envió recientemente una información acerca de un evento a realizarse en el marco del Gallery Nigth, el martes 6 de diciembre. La información era la siguiente:
Como novedad durante esta noche se podrá asistir al evento"LA CUADRA DEL ARTE - LOS CABALLOS y el ARTE" con obras de Marta Minujín, Edgardo Giménez, Rogelio Polesello, Renata Schussheim, Milo Lockett, Marcial Berro y Josefina Robirosa presentando originales de intervenciones en caballos de tamaño real de polo, en el marco del Gallery Night en Palermo. Los caballos recreados tienen la particularidad de estar relacionados, en cada instalación, con el mundo del vino, del tango, del polo y de la música a través de la mirada del arte. Se podrá visitar esta exposición a lo largo de Humboldt al 1.500, limitada por el Espacio Milo y la prestigiosa galería Braga Menéndez en el otro extremo. Estarán presentes Marta Minujín, Edgardo Giménez, Rogelio Polesello, Renata Schussheim, Milo Lockett, Marcial Berro y Josefina Robirosa en un cordial diálogo con la prensa y con el público, en el marco de un cocktail con el Malbec argentino y degustaciones de Champagne.
Más allá del enorme interés que tiene para el mundo del arte la intervención de caballos de polo de tamaño real, actividad en la cual no podían faltar Marta Minujín y Rogelio Polesello –el artista del jet-set local no puede privarse de intervenir un caballo de polo, viste?- me pregunté por el fenómeno Milo Pocket; porque, más allá de que nos gusten o nos resulten detestables, la mayoría de los artistas nombrados tienen una larga trayectoria; ¿Cómo se justifica la presencia de Milo Pocket, en ése contexto? Quiero decir, cuando un grupo de artistas de larga trayectoria expone junto a un pésimo artista –disculpen, alguien tiene que decirlo, Milo Pocket es un pésimo artista, es más, probablemente ni siquiera sea un artista- ¿Qué es lo que sucede allí? ¿Se devalúa la obra de los otros o se beneficia la obra del pseudo-artista? ¿Será ésa la operación estratégica elegida: exponer con artistas reconocidos para ser reconocido como artista? Parece que funciona… Y cuando estaba en medio de estas reflexiones, ésta mañana, llegó a mis manos por pura casualidad la revista VIVA, el pasquín que viene con el gran diario argentino los domingos y que consta de un 90% de publicidad y un 10 % de notas pedorras y, para mi sorpresa –o no tanto-, la nota de tapa es Milo Pocket y adentro se le dedica una extensa entrevista…con toda la extensión que habilita la publicidad omnipresente. La portada nos anuncia que Milo es “El best seller de la pintura” y en un momento de la entrevista le preguntan ¿cuántas obras hiciste éste año? Y él contesta que “Entre las chiquitas y demás, debemos andar por unas dos mil” ¿Qué tal? Más adelante Milo dice “tengo una imagen pregnante que se estudia en los jardines de infantes y en las universidades”…todavía estoy tratando de entender ésa frase…será que no voy a la universidad y del jardín ya no me acuerdo nada. Dice luego que “el arte de los noventa se derrumbó” y que hoy “se vuelve a la pintura, a sentir”…parece que antes de él no sentíamos…y es verdad, yo al ver sus pinturas siento un montón de cosas; más de una vez he tenido que salir corriendo al baño. Milo nos dice en un resaltado de la nota “Yo pateé varios culitos…Me parece que marqué la diferencia con los modelos de cómo se tenía que hacer la carrera o el lenguaje de un artista” Se la cree de verdad, ¿No? Y en otro resaltado nos informa de algo que no sabíamos: “El mundo del arte es una mezcla insoportable de frivolidad y solemnidad”; claro Milo, tal cual, y vos tenés que estar eternamente agradecido de que sea así, porque si fuera algo serio, vos no figurarías ni en pedo. Ah! Y para terminar, no me vengan a argumentar que hace obra solidaria, eso está muy bien, pero no lo convierte en un artista.
Pasamos al segundo tema del día: algunos amigos curiosos y un poco indignados –para estar a tono con los tiempos que corren- me enviaron mails denunciando plagios en el premio Klemm, así que decidí darme una vuelta por allí para ver, como se dice habitualmente, “con mis propios ojos”, y bien dicen, también, que “ver para creer”. Lo primero que me gustaría que ustedes vieran es el siguiente link en el cual aparece una obra de Maurizio Cattelán que consiste en una serie de retratos del artista tipo identikit realizados según la descripción dada por artistas amigos de Cattelán a un profesional que hace esos retratos para la policía. El resultado es una serie de dibujos que se parecen a Cattelán. Por favor, sigan el link.
http://www.tba21.org/program/exhibitions/14/artwork/80?category=exhibitions
Aquellos que hayan visto el premio Klemm ya se habrán dado cuenta de que esta obra de Cattelán es exactamente igual a la obra exhibida en la Fundación K, del joven artista cordobés Juan Der Hairabedian; repito, exactamente igual, ya que el artista argentino siguió los mismos pasos: gente de su entorno le hizo una descripción de él a un dibujante de identikits…claro, siempre existe la posibilidad de que Cattelán sea un ladrón y le haya robado la idea a nuestro joven y talentoso compatriota…..eeeeh…no, es verdad, yo tampoco lo creería.
Y ahora pasemos a algo peor aún, y les paso algunos links más, el primero corresponde a la obra de Marcela Cabutti que obtuvo el segundo premio adquisición, el siguiente link corresponde a una obra del artista estadounidense Josiah Mc. Elheny y el último a una muestra del citado artista en una galería de Chicago.
http://www.artealdiaonline.com/var/artealdia_com/storage/images/argentina/notas/xv_premio_federico_jorge_klemm_a_las_artes_visuales_2011/cabutti_marcela/522891-1-esl-AR/CABUTTI_MARCELA_full.jpg
http://2.bp.blogspot.com/_jWGqGke8KM4/TSvS4lxuDKI/AAAAAAAAAIg/mde-EUz-6jg/s1600/mcelheny-sculpt3-001.jpg
JOSIAH McELHENY- DONALD YOUNG GALLERY
http://www.donaldyoung.com/mcelheny/josiah_mcelheny_index.html
AH! El mundo del arte está lleno de… coincidencias. No estaría mal que el jurado de notables críticos de arte y artistas, asiduos asistentes a bienales y entendidos en arte contemporáneo nos diera algún tipo de explicación de estas “similitudes” tan extremas, sin apelar a algún increíble argumento por el estilo de “son los aires de época”, o bien, parafraseando a Wittgenstein “son aires de familia entre obras realizadas en distintos tiempos y lugares”, porque estos familiares parecen más bien hermanos gemelos…o más bien, -para usar una metáfora genética más contemporánea-, clones.
Pero el premio Klemm alberga algunas otras elecciones incomprensibles, como el video de la señora que se disfraza de Napoleón Bonaparte. Para ser sincero prefiero ver la versión cinematográfica de la caída del gran corso filmada por algún director ruso, aunque dure 3 horas, antes que éste video que más bien parece un capricho y que además no depara ningún tipo de sorpresa, ya que desde el título nos anuncia “Errores, Napoleón Bonaparte”. Para narrar una historia, hay que saber narrarla, y si no, es mejor no narrar nada…otra vez Wittgenstein. Bueno, de todas formas, y por suerte para la artista, el jurado no coincide con mi opinión. Luego tenemos otras maravillas como la foto de un cohete en la cual hay…un cohete, y aunque uno trate y se esfuerce por ver algo más, sólo verá un cohete; pero si tienen ganas de investigar y leer cómo fundamenta la artista en cuestión su obra, pueden entrar en el sitio del premio Itahú donde se nos explica de dónde viene esa serie de fotografías –en la foto del Itahú hay un astronauta- , cuando hayan leído, hagan un esfuerzo por tratar de ver algo de todo lo que la artista dice sobre su trabajo en las imágenes…un gran esfuerzo…o, si tienen algo de confianza en mí, no pierdan el tiempo porque seguirán viendo sólo un cohete y un astronauta. Hay, por supuesto, muchas cosas más para ver en el premio Klemm y, justo es decirlo, algunas son realmente interesantes.
Todos sabemos que hay instalada una discusión acerca del arte contemporáneo y su hermetismo, su forma de excluir al espectador medio –Jean Baudrillard ha escrito algunas páginas magistrales al respecto en “El Complot del Arte”- Muchas instituciones y premios prestigiosos piden a los artistas que presenten un escrito fundamentando sus obras. Yo creo, y me gustaría saber si ustedes están de acuerdo, que ya es hora de que los jurados fundamenten sus decisiones y sus elecciones, porque no hacerlo implica una suerte de impunidad que deja afuera –e indigna- a mucha gente que intenta entender “de qué va el arte contemporáneo”. Los catálogos de estos premios prestigiosos deberían incluir un texto del jurado fundamentando sus decisiones de manera tal que la sospecha de amiguismo quedara mínimamente disipada. ¿No estamos todo el tiempo diciendo que el texto es fundamental? ¿Por qué los jurados suponen entonces que no hay nada que decir sobre las obras que eligen? No se podrá argumentar que “las obras hablan por si mismas” ya que sabemos que ésa no es una teoría muy contemporánea que digamos y sería una afirmación impropia en boca de estos jurados, que están al tanto de todo lo que sucede en el mundo del arte contemporáneo…menos de algún que otro trabajo de Cattelán, que, como todos sabemos, es un artista apenas conocido…
Bueno, y para ir terminando y pasar a un tema que no tiene nada que ver con el arte –a menos que lo tomemos como “el arte de engatusar boludos”- me gustaría hablar elogiosamente del gurú mediático Claudio María Domínguez que ya tiene programa de televisión, programa de radio, libros y fascículos semanales publicados por importante diario. Y es digno de elogio porque se ha convertido en una clase nueva de gurú, basta con verlo u oírlo un ratito para comprobarlo. Creo que podríamos llamarlo “El gurú estúpido”, y no es poca cosa porque si pensamos en Krishnamurti, Osho, Chopra, o Sai Baba, se podría decir muchas cosas de ellos, menos que parecen estúpidos…pero Domínguez tiene esa mirada bovina, ese corte de pelo, ése tono meloso en la voz, ésa sonrisa babeante…que lo hacen sencillamente único. Bravo por él, y por todos sus seguidores. ¿Quién diría que las más profundas verdades espirituales nos serían reveladas por un tipo que parece siempre al borde de la internación? ¿Y quién hubiera dicho que la “Verdad” podía ser tan “Kitsch”’? Debo confesar, sin embargo, que su programa de tv se ha convertido en uno de mis favoritos, junto con los almuerzos de Mirtha, el programa de Susana y “Bailando por un sueño”, y si no recuerdo mal, hace poco un amigo me recomendó el programa de Marley. Tendré que verlo.
Hasta la próxima./ El Pato.
jueves, 22 de septiembre de 2011
¿QUÉ MIERDA ES UNA CLÍNICA DE OBRA?
Bueno, para entrar de cabeza en el tema podríamos dejar sentado que llamar a dos cosas diferentes con el mismo nombre implica una enorme confusión en la comunicación. Para separar un poco las aguas de esta confusión, vamos a llamar “análisis de obra sobre criterios formalistas”, o “análisis de obra” a secas, a una parte de estos talleres y “clínicas de obra” a aquellos que, a mi criterio, lo son efectivamente. Alguien podría decirme que la clasificación es arbitraria y que los términos son intercambiables. De acuerdo, pero necesitamos llamar con nombres diferentes a cosas diferentes para poder analizarlas, así que permítanme un poco de arbitrariedad. Yo diría que cada una de estas opciones obedece claramente a paradigmas distintos. Muchos artistas –algunos de larga trayectoria, otros jóvenes- dan talleres de análisis de obra; estos talleres a los que acude gran cantidad de artistas emergentes seducidos por la propuesta o por el nombre del coordinador -que luego figurará en el apartado “formación” de sus currículums-, están basados en un análisis puramente formal de las obras presentadas –obras que por lo general, son pinturas- ; esto significa que lo que puede oírse en esas “clínicas” son cosas como, “ese plano es muy pequeño, no cumple ninguna función en la composición”, o “por qué no probás independizar la línea de la forma”, o bien, “el color está muy saturado, la interrelación no funciona” o ¿Por qué no te fijás en la obra de “tal” o “cual” y ves cómo resuelve el problema”?. Este es un análisis de los elementos puramente formales de la obra, que se corresponde con el paradigma modernista, que es formalista, y que es, a esta altura, un paradigma superado. No digo que estos talleres no sean útiles para estudiantes en la etapa de formación –sobre todo en lo que se refiere a la pintura- , pero la clínica de obra es otra cosa; se sostiene sobre criterios más contemporáneos, que obedecen a lo que podríamos llamar el paradigma “nominalista”. La clínica no sólo es apta para la reflexión sobre la pintura sino sobre cualquier lenguaje de las artes visuales.
Cuando se accede a una clínica se da por sentado –y es el coordinador de las clínicas quien debe seleccionar a los postulantes- que los problemas formales están resueltos para poder pasar a una etapa de reflexión sobre la imagen mucho más rica y productiva, una reflexión, podríamos decir, filosófica. A mi criterio una clínica de obra siempre debe ser también –o debe estar acompañada de- un taller de lectura, de debate y discusión de problemas teóricos y de cuestiones que atañen al arte contemporáneo.
En la clínica deben quedar esclarecidos problemas tales como el de la relación entre la imagen y lo que el artista dice sobre esa imagen, sobre los ejes conceptuales de la obra, sobre la relación entre el soporte elegido y el concepto –digamos por caso que una determinada idea presentada en lenguaje pictórico podría ser mucho más interesante como fotografía, o instalación-. Esto significa que un artista contemporáneo puede navegar entre diferentes lenguajes en tanto y en cuanto esa diversidad enriquezca el concepto, la idea sobre la cual ese artista trabaja. Lo contrario, aferrarse a un lenguaje, a un soporte –la pintura, por decir uno- durante toda la vida, es una idea propia del modernismo. La experimentación con un único lenguaje, -la pintura hablando sobre sí misma, o la escultura explorando los límites y posibilidades de lo escultórico, es decir, el lenguaje enrulándose sobre sí mismo ad infinitum- es lo propio del modernismo, callejón sin salida, idea un tanto lineal y autoritaria que termina disolviéndose alrededor de los años 60 del siglo XX –y digo que termina porque en realidad la disolución comienza en un lejano 1917 con un mingitorio invertido-.
Los talleres de “análisis de obra” que, en general trabajan sobre estos criterios modernistas, han quedado aferrados allí, no pudiendo asimilar –o no comprendiendo aún- el cambio de paradigma. Creen sus coordinadores –supongo- que en el arte hay una verdad esencial y no histórica y contextual, y que ésa verdad pasa exclusivamente por lo formal. Ignoran, - o deciden ignorar-, que ésa “verdad” no siempre fue tal, que como todo concepto tiene un comienzo y un final históricamente determinado. La “forma significante”, la “forma expresiva” son hoy más bien clichés desgastados por casi un siglo de experimentación formal y sólo pueden volver a abordarse desde la ironía o la reformulación crítica. El arte hoy –y tal vez siempre haya sido así-, no es “para el ojo”; el arte es para el pensamiento. El paradigma modernista está disuelto. Tenemos hoy un nuevo paradigma, que es sólo –y hay que tenerlo bien presente- otra construcción provisoria. Sobre esa nueva construcción provisoria trabajan las clínicas de obra.
Hasta la próxima.
El Pato Lucas
jueves, 9 de junio de 2011
SOBRE CALAMARES PODRIDOS, GENTE ENOJADA Y UN EVENTO DE JERARQUÍA EN EL MALBA
Me gustaría escribir esta columna con más frecuencia, pero como a todos, el tiempo me alcanza cada vez menos. Digamos que me distraje en otras cosas, no menos importantes algunas cuestiones de trabajo, otras personales. Aquí estoy de vuelta y espero que ustedes tengan aún ganas de leer mis ¿humildes? reflexiones.
Pasé en tres oportunidades por Arte-BA y en una de ellas me crucé con una artista de larga trayectoria que estaba indignada –como los españoles- por el resultado del premio Petrobras, muy especialmente por unos calamares adentro de unos zapatos viejos, y me decía que muchos otros artistas también estaban furiosos y que “había que hacer algo”. Yo, que todavía no había pasado por allí, no sabía de qué me hablaba, pero como siempre he considerado al Petrobras como el premio Turner del subdesarrollo, me dirigí sin dudarlo hacia el rincón de la feria donde se encontraba la selección y los premios, relamiéndome ante lo que, sospechaba, era una gran oportunidad de despacharme a gusto. Ya a unos cuantos metros se percibía un fuerte olor a podrido y al llegar al rincón me encontré con una bolsa plástica blanca en cuyo interior parecía haber algo de ropa y dos zapatos viejos con calamares en estado de putrefacción adentro. La obra se titulaba “Autorretrato sobre mi muerte” del artista rosarino Carlos Herrera. Pensé en ese momento que debo estar un poco reblandecido o bien que tanto arte contemporáneo me estaba produciendo alguna clase de estado lobotómico sin retorno, porque la obra me gustó mucho. Imagino que muchos indignados se enojarán conmigo, pero debo ser honesto. Luego leí dos notas de Diego Manso (Ñ – 28/5/2011) y Eduardo Iglesias Brickles (Ñ- 4/ 6/2011) ambas referidas a la obra de Herrera. La de Manso termina con la siguiente frase “Nadie sabe muy bien de qué se trata el arte contemporáneo, sí que puede ser ‘cualquier basura’”, y la de Brickles de esta forma: “En definitiva: todo se reduce a una operación en la que se ponen de acuerdo el artista con ciertos curadores y críticos de arte, para insultar a la inteligencia”. No puedo declararme en total desacuerdo con estas afirmaciones ya que considero que son aplicables a gran cantidad de obras contemporáneas, especialmente aquellas que están teñidas de una banalidad insalvable, o que no pasan de ser meros caprichos adolescentes…como por ejemplo la “obra”, -que ninguno de los columnistas comentó- de Belén Romero Gunset, también parte del Premio Petrobrás, especie de performance quinceañera en la cual la “artista” se dedicó a romper todo tipo de objetos y artefactos de desecho durante los siete días que duró la feria…un estúpido berrinche adolescente. Pero a mi juicio, no es ese el caso de la obra de Herrera. ¿Habría resultado tan molesto si no le hubieran otorgado el premio de 50.000 pesos? Yo creo que la obra tiene varias capas de significación, para empezar no me parece poca cosa que un fuerte olor a podrido flote sobre una feria de arte –sobre el mercado del arte-, tampoco es poca cosa que gane el premio una obra que habla tan directamente de la muerte, de la extinción a la que todos estamos condenados –no es muy usual el tema entre los artistas argentinos –recuerdo a Bony-; la muerte no vende, no queda bien en el living. Sabemos que si hay algo que la burguesía niega sistemáticamente, históricamente, es la muerte. Quien haya perdido a alguno de sus seres queridos, quien haya recibido la dura noticia en algún sanatorio, probablemente haya pasado por la experiencia de recibir una bolsita con las pertenencias del difunto. Tal cual la bolsa en cuyo interior se encontrabas los zapatos de Herrera. Me gustó la obra; un mínimo de recursos, un máximo de efecto, incluida la indignación de muchos artistas y espectadores que no quieren ver esas cosas en una feria de arte, que no van a ver –y menos a oler – esas cosas a una feria de arte, porque eso, claramente, no es arte. Por suerte para todos ellos había mucha pintura en la feria, algunas de factura impecable, de esas que quedan muy bien con el tapizado del sillón. Eso sí que es Arte.
Para terminar, los invito a un evento artístico de verdadera relevancia que tendrá lugar en el MALBA el próximo martes, 14 de junio: la presentación del libro de fotografías de Victoria Vanucci. ¡Al fin veremos buenos culos en el MALBA! Ya era hora, si están en todos lados, por qué no pueden estar e el museo de Constantini. Eso es arte, y de buen gusto, no como esos calamares podridos. Sigamos profundizando la Tinellización de la cultura, eso es coherencia histórica.
Yo por mi parte estaré allí, para beber una copa del mejor champagne, llevarme mi ejemplar autografiado, y si puedo, tocarle el culo a la Vanucci, total, el MALBA ya no es lo que era…¿o sí?
Hasta la próxima.
El Pato.
viernes, 17 de septiembre de 2010
LEVINAS, BATTISTOZZI, Y LA INEFABLE ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS DEL LOBBY.
La primera es la muy acertada respuesta de Ana Battistozzi a Gabriel Levinas aparecida en la revista Ñ del último sábado -11 de septiembre-. Para los que no lo leyeron, Levinas había escrito el sábado anterior -4 de septiembre- pegándole a los críticos que "no critican" y además a los artistas pendientes de los vaivenes del mercado, y uno podría sentirse tentado a darle la razón a Levinas -y yo muy especialmente- si no fuera porque, como muy bien lo hace notar Ana Battistozzi, Levinas atrasa, y además, él mismo es un operador de mercado, un marchand. Recuerdo una columna escrita por el mismo GL en una Ñ, más o menos para la época en que se llevaba a cabo la última Arte-BA, en la cuál, indignado, se quejaba de que el ruido del Barrio Joven invadía y contaminaba lo que él describía casi como un templo para la contemplación del arte: su stand. La columna era, claro, completamente absurda, pues una feria de arte no es un lugar muy adecuado para la contemplación del arte...no creo que Levinas exija silencio para la contemplación de los tomates y las berenjenas cuando va al supermercado, no? Se notaba que el ruido del Barrio Joven le había espantado a más de un cliente...que se le va a hacer Levinas...es el libre juego de la oferta y la demanda; si no le gustan las ferias, debería dedicarse a otra cosa. Por otro lado, Ana Battistozzi, describe acertadamente la situación contemporánea de la crítica de la siguiente manera:
(...) “Preferiría discutir sobre la naturaleza de la crítica y su función como práctica intelectual en tiempos en tiempos que son claramente distintos de los de Atalaya a quien –Levinas- evoca como modelo. A diferencia de entonces, cuando estaba fuera de discusión lo que era arte y lo que no, hoy “ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente”, como observó Adorno en el comienzo de su Teoría Estética, hace ya décadas. La tarea del crítico es bien distinta en consecuencia, entre otras cosas porque enfrenta un objeto, cuya condición artística no está definida de antemano. De ahí que su compromiso sea con el conocimiento y la información en la conciencia de una situación que tiene su correlato en el mercado.” (...)
De más está decir que estoy completamente de acuerdo con este diagnóstico que pone a la crítica, el público en general y también, claro está, a los artistas frente a un gran desafío, pero el problema es, justamente, que la mayoría de los colegas de AMB, que tienen espacio para escribir en los principales medios, no están ni por asomo a la altura de ese desafío, y eso queda demostrado con la cantidad de boberías, banalidades, arbitrariedades, obsecuencias y, en muchos casos, críticas absolutamente retrógradas, basadas en análisis puramente formalistas, que uno lee en los principales suplementos de cultura Crítica, en su etimología, significa “estudio”, “investigación”, está muy claro que alguien que debe escribir una columna semanal tiene poco tiempo para hacer crítica en ese sentido, pero además, la formación y la inteligencia de muchos críticos es bastante limitada. Muchos de ellos no vienen del campo de las artes visuales y sin embargo, han obtenido, quien sabe cómo, el derecho a hacer crítica en los principales medios. Este hecho parece reproducir ese prejuicio, tan extendido entre el público en general, según el cual, sobre lo visual, cualquiera puede opinar. Y este, a mi juicio es el principal motivo de que no pueda leerse casi nada interesante, ningún texto que problematice o que cree un conflicto. Recuerdo que el recientemente fallecido Jorge López Anaya, con quien yo tenía varias e importantes diferencias ideológicas, -de hecho en mi blog hay un par de textos criticándolo- al menos se tomaba la libertad de hablar bastante duramente de muestras y artistas en su columna, y esto generaba resentimiento entre quienes recibían esas críticas. Por lo menos, no hacía una crítica conciliadora, aunque su visión del arte fuera siempre dependiente de las últimas novedades del exterior y su idea de "arte deslimitado" fuera, como ya dije en algún texto, absurda, ya que "arte" es un concepto y no existen conceptos "deslimitados", puesto que dejarían de ser conceptos. Esa idea, sin embargo, mostraría con cierta claridad la encrucijada del arte contemporáneo...un concepto que se disuelve. Un concepto que no tiene límites no es un concepto expandido, es un concepto que ha desaparecido como tal. Me parece importante, remitir a mi blog: www.lucaspato.blogspot.com, específicamente a la entrada. “Lectores entusiastas, función y futuro de la crítica según José Luis Brea y Premio Arcadas Doradas” del 14 de junio de este año. Lean sólo lo que concierne a José Luis Brea, me parece fundamental para esta discusión.
Y ahora, como frutilla de la torta y en perfecta sintonía con lo que venimos hablando –sobre todo en lo referido a las boberías y banalidades- pasamos a comentar la nota de Alicia de Arteaga acerca de la virtuosa alianza entre la Beca Kuitca y la Universidad Di Tella, aparecida el mismo sábado 11 de septiembre en el suple ADN –siempre se me ocurre que este es un ADN bastante contaminado- . Transcribo algunas cositas:
“La beca Kuitca, legitimada como espacio de formación de los artistas argentinos contemporáneos, desembarcó en el edificio de la Universidad Torcuato Di Tella. Una nueva historia comienza.”
¿Cuál nueva historia? ¿No será la misma vieja historia de enseñar a nuestros artistas jóvenes las estrategias para insertarse en el mainstream, haciendo obras a gusto y medida de los coleccionistas e instituciones de los países centrales? Sigamos:
“La selección –de los nuevos becarios- cumple con el objetivo. Artistas con trayectoria, varios de ellos legitimados por el mercado, hasta un
ex -director de museo (Carlos Herrera, del Macro de Rosario) ingresan en el universo del becario Kuitca, algo así como el Dorado del arte. El sueño del pibe”
Lindo este párrafo, no? Arteaga nos muestra aquí, lo importante que es la legitimación del mercado que, como ya sabemos, está conformado por gente con enorme conocimiento de las artes visuales y una muy kantiana “apreciación desinteresada”, además nos enteramos de que existe un “universo del becario Kuitca”, que evidentemente ha de ser un universo cool, con planetas multicolores, muy diferente de los universos grises de otros becarios. Como decía Groucho Marx “Hay otra vida, pero es más cara”. Otro dato importante es que se trata de El Dorado del arte, lo cual me produce una cierta confusión porque, como todos sabemos, El Dorado nunca existió...será una fina ironía de Alicia de Arteaga? ¿Será todo un engaño?
Por último, tenemos que la Beca Kuitca, es el sueño del pibe, el non plus ultra del arte argentino contemporáneo, sólo para unos pocos privilegiados...bueno, esto queda claro cuando nos enteramos de que cada uno de los chicos tendrá su propio taller, ambientado a su manera, donde pasará “12 horas diarias en contacto con los miembros de la tribu”.... Quien sino alguien que no trabaja puede hacer eso?
Otro párrafo.
“El año próximo la Beca cumplirá 20 años y es una buena noticia saber que ha desembarcado en el campus de la Universidad Di Tella, (...) donde funciona el Departamento de Arte dirigido por Inés Katzenstein, bajo la estimulante mirada de Francisco Liemur, decano de Arquitectura”.
“La alegría ( y el orgullo) de los becarios la noche de la apertura –entre pinchos de lomo y tortilla española -tiene mucho que ver con la alianza prodigiosa que supone unir los nombres de Kuitca y Di Tella, como una profecía cumplida".
Qué lástima, me perdí los pinchos de lomo....y además no invitan animales.
Toda esta retórica celebratoria de la “prodigiosa unión de los nombres de Kuitca y Di Tella” ¿no suena más bien a trenza de mercado, beca cool, universidad privada y crítica obsecuente y mercenaria? ¿Por qué aparecen siempre en ADN esta clase de notas que huelen a dólares por todos lados y en las que el arte aparece exclusivamente como una cuestión de éxito y mercado?
Además, ya que de mercado estamos hablando, y para demostrar lo provincianos y obsecuentes que somos inclinándonos ante el gran dios Kuitca, bastaría confrontar la cotización de Guille con la de Jeff Koons, por ejemplo, y veríamos que nuestra deidad máxima, es en realidad una deidad menor y subalterna en el gran país del norte. Pero aquí, seguiremos sobando calcetines de artistas cool que hicieron la América y vienen a ¿formar? nuevas camadas de artistas de exportación. Como quien dice, una cadena de producción.
Ahora...lo de la tortilla española me hace un poco de ruido....
Hasta la próxima
El Pato.
martes, 7 de septiembre de 2010
Hugo Mujica, Claudia Piñeiro y algunas palabras en defensa de mi anonimato.
Hugo Mujica: -Si algo sobra en nuestros tiempos son las cosas que sirvan para algo. Tal es así que la antigua y esencial pregunta sobre qué es la vida, se transformó en la pregunta sobre para qué es la vida; ese cambio casi imperceptible nos revela como utilitarios, hacedores de útiles, herramientas, todo lo que sirve para usar, usar y tirar, tirar para cambiar. Ese “para”, remite todo a otra cosa, a algo que no está en sí, y la poesía, el arte, no es del orden de los medios sino de los fines, de lo que se cumple en sí, no más allá de sí; es del orden de lo que no se justifica ni desde afuera, por la aprobación o el mercado, ni tampoco desde el propio creador; la obra, el poema, instaura su propia ley, su propia clave interpretativa, su propio valor es, diría, su propia justificación y su propia revelación. Y, también diría, su propia revolución, ser belleza en medio de un mundo reducido a mercadería; revolución y protesta: ser gratuidad en medio de un mundo hundido en el lucro y la especulación. La poesía es el puro ser por sí, quizá como la vida misma, quizá por eso el arte puede enseñarnos a vivir.
Después puede venderse, usarse, investigarse…insertarse en la cultura y hasta en el mercado, pero eso es siempre después, en un después que ya es el trueno y no el relámpago-.
Fin de la transcripción, y creo que no hay nada que agregar.
La siguiente transcripción es de un texto que el sábado 4 de septiembre, escribió Claudia Piñeiro en la columna de opinión del diario La Nación –esta vez el diario La Nación me sorprendió-, transcribo la nota íntegramente –no se asusten, es breve- ahí va:
EL LENGUAJE LIBRA BATALLA
Claudia Piñeiro para LA NACION
Las palabras que elegimos para nombrar no son inocentes. Existe un efecto ideológico del lenguaje, que es explotado por algunos e ignorado por otros. Cuando Mauricio Macri dice, refiriéndose a la toma de colegios en la ciudad que gobierna, "uno no puede ni tomar una Coca-Cola que no esté en su heladera", opera ideológicamente. Además de equiparar el verbo "tomar" con "agarrar" y "robar", parte de la base de que quien recibirá su mensaje podrá decodificarlo "desde el sentido común" ya que tiene heladera, toma Coca-Cola y es capaz de condenar, como él, la toma de colegios como manifestación política.
Sólo algunos actores dentro de una sociedad pueden usar el lenguaje para sostener su posición. Para el resto queda, con tiempo y esfuerzo, advertirlo y resistir.
Tres ejemplos
El primero, año 1983. Cuando el país regresó a la democracia, empezamos a nombrar el pasado reciente como "el Proceso". Llevó un tiempo darnos cuenta de que ése no era el nombre adecuado. ¿Qué proceso? Ningún Proceso de Reorganización Nacional. Lo que vivimos fue una dictadura militar y así había que nombrarla. Aunque el cambio de una expresión por otra no sucedió de la noche a la mañana. Poco a poco, muchos fuimos abandonando el uso de la palabra "proceso" y adoptando el uso de las palabras "dictadura militar". No todos lo hicieron. Pero hoy, en 2010, quienes nombran al período de la historia argentina que va de 1976 a 1983 de una forma o de la otra toman (otra vez el verbo "tomar") una postura política. Ya no es inocente llamar Proceso a ese período. Las palabras trazan una línea y está bien que así sea.
El segundo ejemplo es reciente. La sociedad discutía si se le daría o no derecho a contraer matrimonio a una pareja formada por dos mujeres o por dos hombres. "Ley de matrimonio gay", empezamos llamándola. Pero a medida que pasaban los días, cambiamos el nombre y elegimos llamarla "ley de matrimonio igualitario". ¿Por qué? Porque no se trataba de una ley que regulara el casamiento de la comunidad gay (lo que habría sido discriminatorio), sino de asimilar a esas parejas a la ley de matrimonio existente. El mismo matrimonio para todos. Hablar hoy de ley de matrimonio gay implica una discriminación que, en el mejor de los casos, puede ser todavía involuntaria. Esta evolución del lenguaje no está tan consolidada como la anterior. Llevará un tiempo, pero el modismo también caerá en desuso y se trazará otra línea.
El tercer ejemplo es tan actual que estamos parados sobre él. Escuchamos a diario la frase "a favor del aborto" o "pro-aborto". Lenguaje que juzga e intenta que el mensaje sea decodificado unívocamente: "pro- aborto = asesino". Nadie es pro-aborto; las mujeres que quedan embarazadas y deciden interrumpir su embarazo seguramente preferirían no haber quedado embarazadas. Pero ante el hecho consumado del embarazo no deseado, de lo que se trata es de poder elegir. Por eso se está a favor o no de "la despenalización del aborto", de la "legalización del aborto", no del aborto. Y esto no es menor. Ni mucho menos inocente. Cuando escuchamos decir: "Jueza a favor del aborto", o "la Iglesia condena la postura pro aborto de Fulano de tal", debemos tener en claro por qué se elige decirlo de esa manera: no sólo para descalificar, sino también para evitar la posible discusión de la ciudadanía sobre el tema. ¿Quién se sentiría capaz de decir: "Yo soy pro aborto"? En cambio, muchos más estarían en condiciones de cuestionarse si están a favor o no de la despenalización del aborto. Discutir si en la Argentina una mujer sin recursos económicos debe o no tener acceso a la interrupción de un embarazo no deseado con las mismas medidas de higiene y seguridad con que hoy lo hacen en el mismo país las mujeres que tienen dinero.
Hace un tiempo, vi un programa de televisión en el que enfrentaron a la madre de una discapacitada violada, a la que un juez no le permitía abortar, con una mujer que pertenecía a una institución que abogaba por prohibir el aborto en todas las circunstancias y para todas las mujeres. Esa mujer llamaba "abuelita" a la madre de la chica violada y embarazada. Lo decía con un tono suave, hasta cariñoso. La madre de la chica violada entendió rápidamente qué trataba de hacer esa mujer con el uso de esa palabra, y supo defenderse. "A mí no me llame de ese modo; yo no soy abuela de nadie", dijo.
Las palabras son poderosas. El lenguaje libra batalla. Puede ser una vía de dominación, pero también de resistencia. Cuando un discurso apela al "sentido común", no se nos permite pensar cómo son o funcionan las cosas, sino sólo si se adecuan o no a un sistema preexistente y hegemónico. Equiparar la toma de colegio con tomar la Coca-Cola de una heladera, o llamar "abuelita" a la madre de una chica embarazada porque fue violada intentan eso.
El análisis crítico del discurso debería ser una materia obligatoria desde la escuela primaria. Así tendríamos herramientas para resistir desde el lenguaje.
Fin de la transcripción y tampoco esto necesita que ya agregue comentario alguno.
Por último quiero decir algo en defensa de mi ya prolongado anonimato, y que, a decir verdad no sé cuánto más se prolongará, aunque, como ya dije en alguna ocasión, tarde o temprano todo llega a su fin.
A lo largo de estos años, en que he escrito esta columna, varias personas se han molestado y otras, aunque aprobando los textos, han cuestionado el uso del seudónimo –muchas otras, la mayoría, han aprobado ambas cosas-. Entre los que se han molestado hay críticos y, -esto me produjo cierta extrañeza- también algunos artistas –y no estoy hablando de aquellos a quienes critiqué duramente, porque para esos se trata de algo más personal-; hasta hubo una artista que me pidió que la sacara de mi lista y no le enviara más textos. Me extraña que tanto críticos como artistas jóvenes, que están muy al tanto de las estrategias contemporáneas, y de la diversidad de lenguajes y de soportes que los artistas usan hoy día para construir su obra, no acepten ni comprendan que mi práctica se inserta perfectamente dentro de esas estrategias, que la construcción de este personaje es parte de mi obra
Los artistas – y todos los demás también- vivimos en un tiempo en que hay mucho para decir, paradójicamente, -o no- la mayoría ha elegido el silencio, la especulación, la no confrontación, como si hubiera mucho que perder en un ambiente que sabemos mezquino y mediocre, en un medio donde el evento artístico más importante del año es una “feria”, y donde no puede hallarse un minuto de reflexión acerca del sentido de las obras, o de la identidad de nuestra producción, y muy especialmente, de la de nuestros artistas jóvenes. Mi anonimato tiene un límite y es parte de una estrategia, y cuando ya no sea el Pato Lucas, sino un artista como tantos otros, no tendré ningún problema en seguir sosteniendo todos y cada uno de mis dichos, porque si he vivido del arte en muchos sentidos, no ha sido gracias al mercado, ni a los críticos, aunque varios de ellos hayan escrito sobre mi trabajo. No le debo nada a nadie, lo que construí, lo hice “a pulmón”, como la mayoría de los artistas de este país. Tengo críticos amigos, pero no es una amistad interesada, y creo que ellos lo saben.
El Pato Lucas, entonces, debe ser considerado como parte de la obra de un artista, del cual, por el momento, no se conoce la identidad –aunque muchos lo sepan y algunos la sospechen-, y esa es mi mejor y única defensa, si es que necesito alguna.
Saludos y hasta la próxima.
El Pato
jueves, 1 de julio de 2010
EL ARTE ES PARA EL PENSAMIENTO
Como he recibido muchas respuestas y observaciones a mi anteúltimo envío "QUÉ ES EL ARTE", decidí ampliar un poco más el tema, especialmente en lo que se refiere a la relación del arte y el mercado.
Yo creo, que si alguien está preocupado por producir una gran cantidad de objetos cuyo destino es el mercado -y no el pensamiento- no puede ser artista -ni crítico-.
Cuando un artista quiere vivir del arte -repito, vivir económicamente del arte, ya que hay muchas formas de vivir del arte- y está feliz porque, por ejemplo, una galería lo contrata y le paga por producir diez o veinte obras al mes de determinados formatos y eso es lo que hace de allí en más para ganarse el sueldo, ha perdido algo de vista, ha dejado de ser artista para centrar su visión en el mercado; seguramente vivirá mejor, comerá en mejores restaurantes, se comprará el auto, pero algo ha perdido por el camino, algo ha negociado con el sistema, tal vez lo más importante que tenía. ¿Saben los peces que viven en el agua? ¿Saben que hay un inconmensurable "fuera del agua"? No, no saben. Lo mismo pasa con nosotros, habitantes del hipercapitalismo globalizado donde todo es mercancía, donde también nosotros somos mercancía, porque ella es el valor supremo. Por eso no importa que haya abogados, médicos, artistas, arquitectos o psicoanalistas porque lo que unifica todo, lo que anula las diferencias -y acentúa las desigualdades- es la forma mercancía, la lógica del capitalismo. Por eso, es justamente el artista quien debe saber que hay un inconmensurable "fuera de la lógica mercancía".
EL ARTE ES PARA EL PENSAMIENTO y no hay pensamiento donde sólo hay mercado. Repito, y ya lo dije muchas veces, la obra puede ser mercancía -o de hecho lo es ya que puede comprarse y venderse- pero esa no es la cuestión: el problema es que desde su génesis sea concebida como mercancía, porque allí entonces, ya no hay un artista, sino un productor de mercancías.
EL ARTE ES PARA EL PENSAMIENTO; el arte es espíritu -descargado este concepto de connotaciones metafísicas y entendido como potencia de transformación-.
Vivimos en un sistema donde tenemos que negociar a diario nuestras ideas, nuestras convicciones. Vivimos bombardeados por imágenes banales, horribles, bellas -convencionalmente bellas-, pero nada es distinguible allí, todo se iguala porque todo es mercancía. Todos los días debemos negociar cosas con el sistema, de una u otra manera, todos los días deponemos alguna de nuestras ideas, alguno de nuestros principios para sobrevivir dentro de un sistema brutal de desigualdades, de competencia feroz que se autoproclama "natural". El arte, para un artista, debería ser el lugar de no negociación, el lugar que no se entrega a la lógica del sistema, “lo otro del capitalismo”, el lugar ideal para pensar ese inconmensurable “fuera de la lógica mercancía”. Una vez más: no estoy diciendo que uno no deba vender sus obras, estoy diciendo que ese no debe ser el objetivo primero de un artista.
Justamente por estos días en que estoy escribiendo estas líneas se lleva a cabo en Buenos Aires una nueva edición de la feria Arte-BA. Estuve en la inauguración y un artista amigo me decía que era muy triste que el principal evento artístico de todos los años en Bs. As. fuera una feria de arte –aclaro que es un artista que siempre tiene obra en Arte-BA-, y yo no podría estar más de acuerdo con esa opinión, porque el arte no tiene nada que ver con el mercado del arte, porque el mercado todo lo distorsiona. Una feria no puede, no debe ser el evento principal del año en el campo del arte; ese, creo, es un debate que nos debemos. ¿No sería mejor que tuviéramos una bienal? ¿No sería mejor aún si los mecanismos de selección para esa bienal no fueran los mismos mecanismos que siempre se usan en nuestro medio, donde los que deciden son una élite cuyos intereses están indiscerniblemente ligados al mercado? Otro debate que nos debemos.
Arte-BA es una FERIA; y ya sea de verduras, de autos, o de cuadros, una FERIA SIEMPRE ES UNA FERIA, y el arte no es una feria….
EL ARTE ES PARA EL PENSAMIENTO.
Hasta la próxima.
El Pato.
lunes, 14 de junio de 2010
LECTORES ENTUSIASTAS, FUNCIÓN Y FUTURO DE LA CRÍTICA SEGÚN JOSÉ LUIS BREA Y PREMIO “ARCADAS DORADAS”.
Tengo que agradecer las numerosas respuestas recibidas por mi último envío, “Qué es el arte”, muchas de ellas a mi e-mail y otras que quedaron asentadas en mi blog: www.lucaspato.blogspot.com . Entre estas últimas hay dos que supongo pertenecen a un mismo lector –o lectora- entusiasta, aunque el estilo, muy refinado por cierto, hace sospechar que se trata de una pluma masculina. Estos comentarios dicen, por orden de aparición: “Anda a la concha de tu madre” y “Anda a laburar sorete en vez de escribir estas pavadas salame”. Con respecto al primer comentario, debo decirle al amable lector que no es la primea vez que me mandan a ese destino, pero lamentablemente no he encontrado aún la forma de regresar allí, y no es que no me gustaría, pues bien sabemos que en el útero todo es más agradable, y fundamentalmente, no hay que trabajar para ganarse el sustento. Con respecto al segundo comentario, debo decirle en primer lugar que me encantó el estilo, en especial la ausencia de comas, lo cual delata a un lector refinado, creo que fue Cortázar quien usó ese recurso en alguno de sus cuentos magistrales. En segundo lugar queda claro que es una persona muy intuitiva pues con sólo leer mis textos se ha dado cuenta de que detesto trabajar. Sólo me resta recomendarle una inversión en el orden de los insultos, ya que un salame puede convertirse en sorete, mientras que lo contrario sería antinatural.
Y ahora pasamos a los temas del día.
Acabo de leer un texto de José Luis Brea que les recomiendo. Se titula “La crítica en la era del capitalismo cultural”, -Si entran en mi blog encontrarán un link al sitio de Brea y pueden leer allí todos sus textos-. Voy a transcribir algunos fragmentos para que entiendan mi entusiasmo.
Ahí vamos:
“No existen los hechos, tan sólo las (mal) interpretaciones”
“El objeto de la crítica no es nunca la verdad. Ni siquiera la interpretación, la buena interpretación –tal cosa no existe. Toda crítica malinterpreta-o lo que es lo mismo dispersa el significado. Debemos pensar la crítica únicamente como dispositivo diseminador, como maquinaria de proliferación del sentido, como aliada incondicional del estado incumplido de las economías del significado. Como tal, su trabajo es generar roces, fricciones, el encuentro intempestivo de lo extraño con lo extraño que origina el hallazgo contrainductivo. Su tarea es decir siempre lo contrario de toda convención implícita. De ahí que su presencia siempre deba resultar incómoda” (…)
(…) No se trata en él (el trabajo de la crítica) de hacer visible lo oculto, sino al contrario de mostrar las causas por las que todo marco de comprensión del mundo genera una zona de exclusión, de ceguera. El trabajo de la crítica no es visibilizar nada, sino hacernos comprender que en todo aquello que entendemos se perfila, por contraluz, todo un mundo otro que se nos escapa (…)
(…) no es fácil hacer crítica buena, interesante, cuando las prácticas no lo son, en tiempos –como los nuestros- de artes docilizadas(…)
(…)Queremos decir: la corrupción del crítico se asegura atenazándole en esas dos prisiones: la de la institución museo y la periodística. Ni en uno ni en otro caso es realizable la función crítica(…)
(…) Si la crítica tiene un lugar -en el que verdaderamente ser crítica- éste no puede bajo ninguna forma participar de la lógica del espectáculo. Esto inhabilita por completo dos de las formas en que a la crítica más le encandila –en el momento actual- ejercerse: primero, el escenario de la curaduría (particularmente en la forma que esta ha alcanzado al hilo de la llamada bienalización del arte). Segundo, el del medio de comunicación de masas ( y particularmente de nuevo en la forma de este por excelencia, alcanzada en el contexto del deslizamiento de las industrias del arte al escenario de las del espectáculo, a saber, la del suplemento periodístico –soi dissant “cultural)(…)
(…)Mil pantallas. Acaso todavía no ponderamos bien lo que supone una red de escenarios tan diseminada y ubicua como la que representa un mundo saturado en todas partes de pantallas(…)
(…) Que ella misma –la crítica- dejara atrás su propia dependencia de alguna restante “economía de objeto” –acaso el “fetichismo del impreso”. Que toda la
crítica empiece a hacerse y darse online, y que los críticos sólo cobraran por descarga. Démosle al lector la ocasión de vengarse en la cartera del crítico pésimo ejerciendo su más elemental derecho de justa venganza no leyéndole (y, que el que no sea leído, no cobre por sus pamplinas y simplonerías sin cuento).(…)
Hey!!! ¿Están pensando lo mismo que yo? ¿Se les ocurren varios nombres?
Sí, sí, esos mismos. ¿A qué se dedicarían cuando dejaran de escribir en ADN?
Algo más para terminar:
(…)Que no hay mundo verdadero, ni visión verdadera del mundo –esta sería la única vedad de la crítica. Ella no aparece allí donde el interés de tomar partido por una u otra visión del mundo es prioritaria: sino únicamente allí donde se pone en evidencia que esa o cualquier otra visión es fruto del compromiso implícito de una constelación de interdependencias –cuyo desnudamiento y mostración es justamente la tarea de la critica. (…)
(…)Como quiera que sea, es preciso restaurar, restablecer y repotenciar el terreno de la escritura como dominio fundamental de ejercicio de la crítica. Ello implica en cualquier caso una retirada del espacio periodístico, en el que la critica sucumbe a las exigencias (siempre banalizantes) de la información y los intereses de publicitación de las industrias de la conciencia en su búsqueda sistemática de una proyección espectacular –apoyada en lo mediático.(…)
(…) El crítico debe ser, por encima de todo y en primer lugar, un buen escritor de ensayo, incluso más un ensayador que un ensayista(…)
Fin de la transcripción. Estos fragmentos no son ni con mucho lo mejor del texto, les recomiendo leerlo en totalidad. El link es.
http://www.joseluisbrea.net/articulos/criticaeck.pdf
Pero además hay varios libros de J. L. Brea en copia de autor para descarga libre y son todos muy buenos.
Último tema: Una amiga me hizo llegar la siguiente información que me llenó de alegría y colesterol:
CONCURSO ARCOS DORADOS DE PINTURA LATINOAMERICANA PRIMERA EDICIÓN
Arcos Dorados presenta la primera edición del Concurso Arcos Dorados de Pintura Latinoamericana en el contexto de arteBA´10, 19 Feria de Arte Contemporáneo, a realizarse del 25 al 29 de junio en el Predio Ferial de La Rural en Palermo, Ciudad de Buenos Aires.
Por primera vez una empresa lanza un concurso de esta envergadura apoyando difundiendo de un modo inédito la producción artística contemporánea latinoamericana.
El concurso Arcos Dorados elije impulsar a los artistas que trabajan en pintura desafiándolos a explorar todas las posibilidades que la misma ofrece. En esta primera edición el concurso está destinado a los países que conmemoran este año su bicentenario: Argentina, Chile, Colombia, México y Venezuela.
Los curadores convocados a desempeñar la difícil tarea de invitar a un solo artista de su país para presentar una obra inédita en arteBA´10, han sido: Cecilia Brunson (Chile), Jesús Fuenmayor (Venezuela), María Iovino (Colombia), Victoria Noorthoorn (Argentina) y Guillermo Santamarina (México).
Los nombres de los cinco artistas que participarán de la feria y concursarán por el premio adquisición del público, son: Víctor Florido (Argentina), Jaime Gili (Venezuela), Manuel Mathar (México), Beatriz Olano (Colombia), Gerardo Pulido (Chile).
La decisión final estará en manos del público que podrá votar antes del inicio y durante los días de Feria (vía web en las páginas de McDonald´s y arteBA y en el stand de Arcos Dorados dentro de arteBA Feria) su obra favorita entre las cinco seleccionadas. La obra que resulte la favorita del público obtendrá el premio adquisición de U$S8.000 y pasará a formar parte de la colección de Arcos Dorados.
"Asociar a Arcos Dorados a un proyecto como éste, fortalece nuestro vínculo con el arte y con una región reconocida por su diversidad y riqueza culturales. Sin duda, no sólo apoyamos las expresiones individuales de estos artistas, sino que fortalecemos las identidades de sus países potenciadas a través de ellos", declaró el presidente y CEO de Arcos Dorados, Woods Staton.
A partir de esta primera realización, el objetivo de Arcos Dorados es tornar este concurso en un nuevo marco anual para artistas, amantes del arte y coleccionistas de América Latina, ampliándolo, en las próximas ediciones, para toda la región.
Acerca de Arcos Dorados
Arcos Dorados es la más grande operadora de restaurantes en América Latina y el mayor franquiciado de la marca McDonald’s en el mundo. Es una de las 100 empresas privadas más grandes de América Latina operando más de 1,750 restaurantes McDonald’s, 1,200 centros de postres y 200 McCafé en 19 países (Argentina, Aruba, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Curaçao, Ecuador, Guadalupe, Guyana Francesa, Martinica, México, Panamá, Perú, Puerto Rico, Saint Thomas, Saint Croix, Uruguay y Venezuela) y presta servicios de asesoramiento en nueve otros mercados de la región. Tiene más de 100 mil empleados que atienden a 3,5 millones de clientes al día. Además de ser uno de los principales empleadores de la región, Arcos Dorados es reconocida como una de las 25 mejores empresas para trabajar y uno de los principales empleadores de jóvenes en su primer empleo. En 2008, las ventas de Arcos Dorados superaron los US$ 3,5 mil millones, el más alto ingreso anual obtenido por la marca McDonald's desde que abrió el primer restaurante de América Latina, en Puerto Rico, hace 42 años. Arcos Dorados también tiene presencia en el campo de la logística por medio de la Axis, compañía con operaciones en Argentina, Chile, Venezuela y México, con 500 empleados y 150 clientes.
Bueno, bueno, esto sí es un notición, al fin esta empresa “lanza un concurso de esta envergadura”. “Lanzar” es aquí el verbo más adecuado tratándose de la cadena McDonalds´s. Nos dicen luego que:
“El concurso Arcos Dorados elije impulsar a los artistas que trabajan en pintura desafiándolos a explorar todas las posibilidades que la misma ofrece.”
Pero este es un concurso que de concurso tiene muy poco y de impulso a los artistas, menos; si así fuera deberían hacer un concurso abierto con un jurado adecuado, porque ¿quién elije y con que criterio a los curadores? ¿Será Ronald McDonald´s? Que quede claro que no cuestiono a Víctor Florido, cuya obra siempre me resultó interesante, - además ya lo he votado porque su obra junto con la de Gerardo Pulido de Chile, son las mejores- sino la mecánica de selección y el pretendido interés en impulsar a los artistas que trabajan en pintura, porque artistas que trabajan en pintura en Argentina hay miles y elegir un curador para que elija un pintor no es la forma. Y por último, el premio de U$S 8.000 es una miseria si pensamos en los millones de dólares que factura Arcadas Doradas en toda Latinoamérica. Con sólo comparar esta cifra y la cantidad de dinero en premios que otorga el Premio Banco Central de la República Argentina, (270.000 pesos repartidos en 9 premios, de los cuales 60.000 son para el premio homenaje y 50.000 para el 1º premio, estamos hablando de algo así como U$S 65.000 ) puede verse que el premio de las arcadas doradas es una payasada…bueno, Ronald McDonald´s es un payaso ¿no? Ocho mil dólares debe ser lo que venden en hamburguesas en Buenos Aires cada diez minutos. En síntesis, este premio es una grasada bien grasosa, una artimaña berreta para prestigiar a una impresentable empresa de comida basura.
Ahora los dejo porque voy a disfrutar de mi cajita feliz.
Saludos.
El Pato.

